El silencio...

El silencio...
...debe romperse

domingo, 12 de febrero de 2012

¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984)

¿Qué he hecho yo para merecer esto?: La sagrada familia
Director: Pedro Almodóvar
País: España
Duración: 101 min.
La familia es la base de la sociedad”. Las personas repiten esta afirmación sin pensar siquiera en lo peligrosa que es. Incluso las reinas de belleza usan la frase como un comodín para asegurar al menos el título de primera princesa, aunque ellas (por supuesto) no pueden pensar mucho en lo que dicen: toda una corona depende de eso. ¿Qué clase de familia permite que una hija vaya a venderse de esa manera?
En las familias hay temas que ya no se discuten. Un pacto de silencio aquieta la superficie del mar turbulento que cada familia es. Todo se da por entendido, aunque nadie entienda realmente alguna cosa. La falta de comunicación también es un problema en nuestra sociedad y también son frecuentes los pactos de silencio: la idea de que no vale la pena arriesgarse a decir nada porque alguien más lo dirá, o porque nadie va a escucharlo a uno.
Pero debe ser cierto que la familia es la base de la sociedad. Y quizá por eso es que estamos como estamos. De todos modos no se puede negar que el ejemplo empieza en casa y si nuestra sociedad se está desmoronando, debe ser la réplica de lo que ocurre al interior de nuestras familias. Debe ser ahí donde empezamos a no respetar el valor de la vida, a no creer en un futuro mejor para todos y a no luchar por un objetivo común.
No se puede exigir a una sociedad el progreso y el respeto de las reglas de convivencia, si todo ello no se construye desde el hogar. ¿Qué otra cosa se puede formar en un entorno en el que reinan la infelicidad y el resentimiento? Frecuentemente es en la familia donde se gestan las frustraciones de personas cuyas vidas fueron trazadas de antemano. Y es también en la familia donde se desconocen por primera vez los lazos afectivos: ahí aprendemos que nadie puede hacernos tanto daño como quien nos conoce muy bien. En la familia aprendemos a desconfiar hasta de los que amamos.
Pertenecemos a una sociedad patriarcal, donde la figura masculina lleva las riendas de la familia y es el soporte de la madre y los hijos. Un icono típico de la sociedad occidental, resquebrajado. Lo que algunos llaman la caída del padre se refiere sin duda a este hombre que no es capaz siquiera de sostenerse a sí mismo y cuya voz de mando es ahora inaudible. Sorprende su vigencia, sobre todo cuando ahora más que nunca uno se pregunta ¿qué es lo que nos sostiene?
Poco se puede esperar o exigir a las nuevas generaciones, expuestas a estos valores de papel respaldados con ejemplos gelatinosos. Nacen y se reproducen en un ambiente hostil, en medio de la indiferencia de unos padres demasiado ocupados en buscar como alimentarlos y educarlos. Sin saber que tienen una cultura propia, se acogen a los parámetros de una cultura ajena, esperando satisfacer sus vacíos y ambiciones, siempre hambrientos sin saber de qué. No sienten reparo alguno para hacer lo que les venga en gana. Sin crecer lo suficiente, se tragan un mundo lleno de tentaciones, en particular la del dinero fácil. La valoración propia depende exclusivamente de la opinión ajena. Los escrúpulos dependen de si alguien está o no mirando.
En ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Almodóvar se mete a un hogar y nos muestra su particular visión de la familia. Si, una estética exagerada y kitsch, unos personajes pintorescos y graciosos. Una realidad cruda y despiadada. La frustración y la soledad que nos recuerdan que el nuestro es un mundo de arena y roca. Un guión inteligente, construido con ingenio, para retratar a nuestras sagradas familias.

sábado, 10 de septiembre de 2011

La Vida de los Otros (2006)

La vida de los otros: al final de la línea

Director: Florian Henckel von Donnersmarck

Guión: Florian Henckel von Donnersmarck

Protagonistas: Ulrich Mühe, Martina Gedeck y Sebastian Koch

País: Alemania

Duración: 137 min.

Nadie ve de si mismo lo que no quiere ver. Son necesarias circunstancias especiales para poder observarse honestamente, a veces circunstancias extremas. En “La vida de los otros” vemos como la disciplina, la soledad y el silencio impuestos por un régimen político pueden convertir en monstruos a los seres humanos. Eso nos recuerda que todos los extremos son malos, que algo de la naturaleza humana se resiste siempre al orden externo. Todo lo que en un momento somos capaces de reprimir, sigue bullendo en el fondo del pozo, esperando brotar en algún momento. Por debajo de la apariencia de control, permanece el caos. Las verdaderas preguntas que atraviesan la existencia no pueden ser resueltas por el Estado, no hay manera en que una ideología dé respuesta a cada individuo por cuestiones como el amor, la muerte o la sexualidad. Se trata de preguntas que solamente se pueden responder viviendo.

Viviendo. No sobreviviendo. En “La vida de los otros” se hace evidente que una cosa es la vida del cuerpo y otra la vida del espíritu y que el espíritu puede ser mucho más frágil. Tantas respuestas hechas son un riesgo para el alma, pueden acabar asesinando nuestra curiosidad, nuestro deseo de saber qué es lo que somos y lo que queremos ser.

La palabra patria, encierra muchos sentidos. Wislawa Szymborska dice que “no debe tomarse a la ligera. Sangre de verdad la recorre y la tinta no puede reemplazarla.” ¿Hasta dónde podemos llegar por defender la idea de patria? ¿Qué tanto de nosotros mismos estamos dispuestos a empeñar? Se sabe que el bien común debe primar sobre el bien particular pero ¿significa esto que la integridad de las personas, la sensibilidad de los ciudadanos debe abandonarse en pro de la razón de estado? Es una pregunta válida, incluso en nuestra “democracia”, donde hemos perdido de vista el sentido de la palabra. En Colombia, la democracia tiene que ver con cuánta gente opina y no con la idea mucho más elaborada de respetar la opinión del otro. La vida de los demás suele ser un misterio para cada uno de nosotros, no sabemos cómo, por qué y para qué actúan los demás.

La Vida de los Otros” narra una historia cruda, incluso violenta por el peso de realidad que encierra, contada de una manera muy sutil. Muestra el horror de la cotidianidad sometida a un ojo omnipresente, que no por torpe es menos implacable. Muestra también el alcance de los abusos de poder, el hoyo negro en el que se transforma una sociedad paranoica cobijada por la dictadura. ¿Qué puede quedar a salvo? En “La Vida de los Otros” vemos seres humanos que se degradan, que nos sorprenden por sus alcances, seres a quienes el sufrimiento transforma y, por otra parte, vemos seres que encuentran una manera nueva de ver la vida.

El camino que recorren estos personajes atraviesa el mismo paisaje, pero cada uno lo recorre de forma diferente. Al final de la línea solo se concluye que ya no se puede ser el mismo.

domingo, 13 de marzo de 2011

Dolores Claiborne (1995)

Dolores Claiborne: El dolor es un lugar físico.
Director: Taylor Hackford
Guión: Tony Gilroy, basado en la novela homónima de Stephen King
País: U. S. A.
Duración: 132 min.

Dolores: Un nombre que describe completamente a la protagonista de esta película, cuyos padecimientos parecen transmitirse de generación en generación. A veces parece que la infelicidad no se busca sino que se nace con ella o se gana como un premio que no queremos. Y no se plantea aquí la infelicidad inherente a las carencias, sino de la zozobra que nos habita y que nos impide llevar una vida tranquila. La infelicidad de apenas sobrevivir cuando deberíamos estar vivos. Una cotidianidad acogedora, en un lugar que sintamos propio rodeados de seres que nos necesitan y están juntos por voluntad y no por obligación.

A veces la infelicidad es algo que se elige, incluso inconscientemente. Las mujeres de la familia Claiborne son víctimas de sus propios sentimientos; aman o creen amar a hombres que son incapaces de valorarlas o bien se han equivocado al escoger un hombre con el que no hay un futuro posible. El paso de los años construye una cadena que las hace incapaces de apartarse de su miseria, y se acostumbran así a un destino donde lo único cierto es la desdicha. Si, son mujeres fieles... a sus dolores.

Idealmente, es en la familia donde las personas inician el camino hacia la adultez. La familia de Dolores es un pequeño infierno donde solamente se puede aprender que la infelicidad está a la vuelta de la esquina y que una manera de defenderse es acostumbrarse: se nace infeliz, se vive infeliz e infeliz se muere. Estas mujeres se reunen para observar su dolor, reflejado en las vidas de las otras. Después de todo, quizá el amor pueda servir para hallar un camino hacia una situación diferente.

Estar bien cuesta. Sobre todo por qué no sabemos cómo estar bien. No tenemos una guía de ruta para transitar el sendero de nuestra vida. No sabemos qué es lo que necesitamos para estar bien o cómo conseguirlo y frecuentemente el fallar en la búsqueda nos lleva a desistir, pensando que la felicidad es un estado de ánimo sobrevalorado. Pero la felicidad es nuestra definitiva razón de ser, lo único con lo que contamos para que nuestras penas no sean más fuertes que nosotros mismos.

Estas mujeres no saben reír ni llorar. Tendrán que aprenderlo entre sí, del hecho mismo de estar juntas. Tendrán que descubir que vale la pena seguir con vida, al menos por curiosidad... por saber qué les depara el destino.