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domingo, 16 de febrero de 2014

Amour (2012)


Amor: Las cosas del querer.

Director: Michael Haneke
País: Francia, Alemania, Austria.
Duración: 127 min

Los vínculos afectivos son esenciales en nuestra existencia y hacen parte fundamental de ella. No solamente somos personas, somos siempre hijos y a veces hermanos, amigos, amantes o padres de otras personas. La etimología de la palabra “sujeto” remite a la sumisión: hay quien afirma que si somos sujetos es porque  estamos sujetos de los lazos interpersonales. ¿Por qué los llamamos lazos? Porque nos conectan, sí, pero también nos atan. Ninguna relación funciona si no hay ciertas reglas que cumplir y ciertos límites que respetar. Al final el tiempo tiene la última palabra. Solamente cuando el tiempo ha pasado podemos percibir qué tanto de nuestras buenas intenciones se materializó en hechos reales para construir afectos verdaderos.


Pasamos la vida buscando certidumbres y huyendo de las cosas que si tenemos seguras: el paso del tiempo y el final de la existencia. La vida no nos engaña, pero no queremos hacerle caso. No queremos saber de las señales que nos dicen que nuestro cuerpo registra el paso del tiempo y que finalmente nos vamos a morir. “Amor” es una película que nos enfrenta con estas realidades. Se dice por ahí que la vejez llega cuando nuestro espíritu envejece, pero llega un momento en que el cansancio del cuerpo nos pasa la cuenta de cobro. Es inevitable. Progresivamente el hastío nos va llenando, sin dejar espacio para nada más. Los protagonistas de “Amor” sienten esto, tan parecido a la muerte y, sin embargo, siguen vivos. Hay que ocupar el tiempo, ya sea porque quieren seguir dando la batalla o porque es lo que se espera de ellos.


No sentimos que los protagonistas de “Amor” estén a la deriva. ¿Qué sostiene a estos personajes? Se sostienen el uno al otro. ¿Qué ocurriría si uno de ellos falta? No hay una respuesta razonable. Es imposible estar preparado para la ausencia. A diferencia del amor, la muerte no es una abstracción. Ensaye el lector a explicar lo que es el amor y verá como las palabras se agotan antes de hilar algo coherente. La idea del amor nos engaña a la vez que nos revela los detalles más íntimos de nuestra personalidad; nos hace sufrir y puede darnos inmensas alegrías; puede, en últimas, extraer lo mejor y lo peor de nosotros.


Pero esa idea del amor se puede traducir en actos de amor. La perseverancia de una pareja, la tolerancia y la convivencia son manifestaciones del acto de amar. Decía La Rochefoucald que “hay personas que nunca se habrían enamorado si no hubieran oído hablar nunca del amor”, haciendo evidente que hay todo un abismo entre la manoseada idea del amor y lo que un acto de amor significa. La voluntad de construir algo es esencial y esto cada vez parece más lejano cuando nos movemos en una vitrina de seres humanos con la pretensión absurda de encontrar un ser perfecto en alguna parte. Dicen estar “cansados de besar sapos” como si realmente se merecieran algo diferente.  


“Amor” es un homenaje a los actos de amor sinceros que no siempre  se producen para procurar placer. Es una celebración del verdadero amor que quiere evadir la muerte y ser la parte de nosotros que trasciende.
 

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